Entender el espacio como el vacío que se genera dentro de un volumen macizo, moldear este vacío para que así pueda después alojar un uso concreto. Así se planteó esta actuación donde, gracias a sus necesidades funcionales, son factibles ciertas licencias formales entendiendo el resultado como una piedra tallada a modo de escultura cuyo único fin es el de enseñar un producto ligero y sensual.
Un vacío que acoge un número determinado de elementos que necesitan ser expuestos, una suerte de joyería que, mediante la curva y el color, busca conformar un perímetro desdibujado donde él ni siquiera es el protagonista.
Un proyecto, pues, entendido como contenedor a nivel mayor del que podría encontrarse en otros casos y donde la geometría y el material acaban dando forma a una caja donde distribuir un producto inerte que en realidad es protagonista. Un espacio que habla de la marca a la que da cara y que trata de representar una manera de hacer y pensar, un elemento más del conjunto que acaba configurando un concepto personal más allá de la propia arquitectura.


















